viernes, 7 de mayo de 2010

Jueves 6 de Mayo, El Llanto de los Cedros.






Ayer teníamos la suerte de ser visitados por nuestro querido Fernando Mollá Ayuso. Uno de esos hombres cariñosos y cercanos a los que siempre da gusto volver a ver. En esta ocasión venia a presentarnos su tercera novela, “¡El Llanto de los cedros”. Como es habitual el ámbito que nos rodeaba era el propio a su profesional, el militar. Y también el ya habitual entorno familiar, donde siempre podemos ver a su orgullosa y estupenda madre, y la prole de hermanos que rodean a estos escritores amigos, los Mollá Ayuso. Y tras una breve presentación por parte de su hermano, rápida pues sobraban protocolos, y ante la tardanza del editor, allí se puso en píe y comenzó ha hablar para deleite de todos los oyentes. Hora y cuarto que parecieron cinco minutos. Pues no habló de la novela en sí, no destripó su argumento, ya de sobra conocido por los medios de comunicación, no nos reveló el final de la historia amorosa, no; sino que nos ilustró sobre un conflicto soterrado, dando luz donde veíamos sombras y aclarando datos que parecen predefinidos, pero que contados de primera mano cambian de aspecto. Así nos contó como eran las circunstancias en las que vive el Líbano, de la raíz de los conflictos de la zona, de la repercusión del conflicto Israel-Palestina, de sus experiencias con las diferentes religiones, un sinfín de información cargada de simpatía y de datos que hicieron de la presentación algo agradable, entretenido y sobre todo instruido. Y de ahí al bar de al lado, tras la firma de rigor, donde Fernando siguió deleitándonos con sus historias, con sus futuros proyectos literarios y profesionales; derrochando saber y ternura. En fin de nuevo Fernando nos convenció tanto él como persona, como de comprar y leer su última novela.
Lo dicho Fernando es un placer tenerte como amigo y contar con tu presencia de vez en cuando. Espero ir a verte a Figueras y conocer tu paraíso.

martes, 4 de mayo de 2010


Por cortesía de mis jefes en mi trabajo se han impartido cursos gratuitos a todas las empleadas interesadas en aprenderse a maquillar. De la mano de Isabel(una maquilladora de Telecinco) hemos aprendido muchísimas cosas, os hago un breve resumen por si os interesa.
Por ejemplo empezó comentando que lo principal es un buen corrector poco grasiento y que seque rápido, con él no solo disimularemos las ojeras sino también rojeces, marquitas solares, granitos y demás imperfecciones.
Tras el corrector aplicado con golpes percutantes (siento deciros que la palabra en sí no existe, aunque queda mona) y bien difuminado echaremos una base sin brillos y mejor translucida, sin excesivo color; se aplicará de igual modo a golpecitos e incluiremos lóbulos y el comienzo del cuello.
En el siguiente paso fijaremos la base con unos polvos translucidos aplicados con la borla y siempre deberán ser unos polvos rosáceos, no blancos. Aplicaremos a golpecitos por todas partes, repasar con las yemas de los dedos el rostro para saber si se ha quedado alguna parte sin fijar. Aplicaremos, a continuación, el colorete, con una brocha larga, ancha y a ser posible natural. Deberá ser de color rosado, nada de naranjas ni marrones, y comenzaremos a aplicarlo desde el lateral del ovalo de la cara, a toquecitos y en 8 (importante sonreír para colorear los pómulos), luego matizaremos con la borla el contorno para difuminar la línea. Y por último, procederemos a maquillarnos los ojos, una primera base de maquillaje, lo fijamos con los polvitos mágicos, y echamos una primera base de sobra color blanco roto. (Vamos que nos preparamos como si fuéramos la pared de casa) Y sobre el parpado (solo parpado, el ovalito, ni rabitos, ni piquitos, ni na de na) deberemos trabajar con tres pinceles, el finito con el que perfilaremos la línea pegada a las pestañas a modo de raya, pero usando sombras, y dos más anchos siendo uno para sombras oscuras y otro para las claras. ( ella recomendaba pincelitos que venden en el Mercadona, por si tenéis interés). No aconseja utilizar eyeliner, ni na de eso (anda que no tengo yo que tirar cosas) y a partir de las rayitas a echar colorines, polvos de seda para las noches locas, colores llamativos para alegrar el rostro, colores oscuros para salir a matar, como si fuéramos paletas de pintores. Y para rematar el rimel bien colocado, con una primera capa, secado y segunda capa desde la raíz de las pestañas, y si queréis terminar de adornaros, un poquito de raya bajo las pestañas inferiores y destellos de luminosidad para alrededor del ojo (abstenerse de hacer estos últimos pasos a personas no expertas, usease yo)
Conclusión del curso, nos pintamos mal, hacemos todo al revés; debemos golpearnos no restregarnos; debemos difuminar no marcar; debemos maquillarnos para que pase desapercibido sin enseñar los estragos del cansancio y demás, no debemos ser cuadros de Miró; debemos usar bastoncillos para limpiar las imperfecciones de los ojos, debemos usar bien los pinceles y mantenerlos en buen estado, debemos desmaquillarnos bien e hidratarnos todos los días…que de deberes, menos mal que no son obligaciones…o sí.

En fin no es que a mi esas cosas me pierdan, pero al final resultó interesante.

lunes, 3 de mayo de 2010

Fin de semana en Roma

Vista nocturna desde las ventanas de nuestro apartamento

Mi octavo viaje a Roma ha tenido lugar el fin de semana pasado.
Aterrizamos allí a las 19.20 y estaba nubladillo. En vez de tren y al ser 6 personas cogimos un servicio de taxi que salía mas económico directamente a la casita. Casita que resultó ser un pedazo de palacete en frente de la Iglesia de Santa Maria Maggiore, un sitio increíble, y un apartamento amplio, de techos altos, y muy cómodo, ah…y con unas vistas impresionantes.
De allí cogimos un taxi, tras reunirnos con Maje y con Jon, que “casualmente” estaban por allí, y fuimos, bajo un aguacero tremendo, hasta el Trastevere. Donde teníamos una reserva en un característico y barato restaurante romano, Ivo Al Trastevere, en la calle San Francesco a Ripa. Cenamos de lujo, por un precio estupendo, tomamos una copichuela en una terraza, aunque seguía lloviendo, y no hubo avance turístico porque el agua no nos dejaba ver mucho…
Y así nos levantamos el sábado, aun lloviznando, pero no diluviando, lo que nos permitió comenzar la andadura. Comenzamos por la iglesia vecina a la casa, luego Santa Práxedes, de ahí al Moisés en San Pietro in Vincoli, bajamos al Coliseo, Plaza del Campidoglio, y de ahí terracita en la via Vittorio Enmanuelle.



A esa altura, y dado que había diferentes cultos religiosos manifestándose por la ciudad accedimos al centro neurálgico del mundo artístico romano, a la Plaza Santa Maria Sopra Minerva, cuya iglesia no pudimos ver porque tras una boda cerraban sus puertas. Pero accedimos al Panteón que se encuentra media fachada andamiada, y atestado de gente, pero donde el efecto de la lluvia entrando por el oculo nos dejo maravillados. Y de allí a la bella plaza Navonna, cuya fuente de los Cuatro ríos continúa en obras, para mí que no la recuperan, en cuatro años la he visto así ambas veces, mala pinta tiene.



Y allí nos sentamos a comer, parecía que el sol quería visitarnos aunque el encapotado cielo se lo negaba. Comimos de maravilla y vimos lo que en Roma es una pizza gigante….para muestra un botón.



Y de allí tomamos un cafetito en un bar genial en pleno claustro de san Andrea Della Pace, una iglesia preciosa, pequeña y escondida en los barullos romanos.



Y como estábamos en la semana de los bienes culturales, accedimos por la cara al Palacio Altemps, una delicia de edificio, donde disfrutamos de maravillas clásicas escultóricas, bien colocadas, y que dado a no ser un número enorme hacían su vista mas agradable. Una visita que desconocía y que me encanto, siempre hay algo nuevo que ver en Roma, que bella ciudad.





Y allí ya había salido el sol esplendoroso, ya nos habíamos quitado el chubasquero y disfrutábamos del paseo. Para seguir viendo cosas que por una razón u otra había dejado de ver en otros viajes, fuimos a la Iglesia de San Agustín, que en si ella no es mas o menos que otra iglesia de Roma, impresionante, pero lo que realmente te hacia girar el cuello y sacarte los ojos de las orbitas era el bello cuadro de La Madona de los Peregrinos de Caravaggio, una bella virgen de inmaculado cuello, y de paños aterciopelados, que ilusiona la mirada, un visión quasi divina. Y así proseguimos con el calorcito del sol hasta San Luís de los Franceses, a ver una atestada Capilla Cornarini, y luego la majestuosa Fontana di Trevi, solo yo y Carmen echamos la moneda, siento deciros chicos, que cuando yo vuelva no iré con vosotros, hubierais echado la moneda…y paseando hasta la parte superior de la Plaza de España, atestada de flores y turistas pero bella y elegante. Y luego cervecita en la Plaza del Popolo, sin poder ver, mas que a oscuras, la capilla dedicada a San Pablo realizada por Caravaggio para Santa Maria in Miracoli.



Ya nos recogimos para prepararnos para la cena, en una terracita en una restaurante llamado Gallina Bianca, bastante majete, y de ahí limoncello en la casita, como si estuvieramos en Madrid, como me gusta el momento apartamento, es cómodo e independiente.

Y llegó el domingo, no madrugamos en exceso, dejamos en las taquillas de Termini las maletas, y en el abarrotado 64 nos fuimos a ver San Pedro del Vaticano. No se que pasaba ese día, pero todo salió al revés en San Pedro, nos equivocamos de entrada y accedimos directamente a las Tumbas Papales, atestadas de gente y adorando sobre todo, la tumba del anterior papa Juan Pablo II. Vimos, finalmente la iglesia, en plena misa y con espacios cortados por ella, y encima a la salida, al nuevo Papa le había dado por dar misa en plena plaza, y no os podéis imaginar la que armamos para poder salir de allí; pero una cosa tuvo buena, en plena estampida africana nos dimos de bruces con una cucada de terraza, frente al Tiber, con un camarero agradable, con buenos precios, y comidita y cervecita.









Y como la mañana acompañaba, y lucia un sol esplendido, paseamos toda la rivera del Tiber, accedimos a la plaza de Campo dei Fiore por Vía Giulia, paseamos, callejeamos hasta el Largo Argentina, y retrocedimos para acabar comiendo de lujo en una terracita en la plaza del Paraíso. Después de una comida larga y agradable, paseamos por la plaza Venecia, encontré mis libritos de Akunin, y llegamos al Quirinale, donde corría una ligera brisilla bienvenida, pues el sol arreciaba. Y así pudimos entrar algo antes en la exposición de Caravaggio. Dicha exposición se llevara un capitulo aparte porque se lo merece. Y fuimos volviendo a la estación de Termini pasando primero por San Andrea del Quirinalle, San Carlino alle Quatre Fontane, Santa Maria de las Victorias y el precioso Éxtasis de Santa Teresa, y Santa Maria de los Ángeles y Mártires en plenas Termas de Diocleciano.



Y cuando las fuerzas fallaban todos se sentaron y yo aproveché la entrada gratuita de los museos para conocer el Palazzo Mássimo alle Terme, cuatro plantas preciosas, al menos la recreación de la Villa Livia con los mosaicos, y el hermafrodita dormido hicieron que mereciera la pena el esfuerzo.








Y con mucha tristeza cogimos el tren de vuelta al aeropuerto Pero aun no íbamos a volver, aunque no lo sabíamos, tardaron casi cuatro horas en querer despedirse de nosotros…un retraso brutal y un cansancio descomunal al día siguiente en el trabajo. Pero eso si con sonrisa tontona porque el fin de semana mereció la pena.

p.d. el resumen sería algo así, es genial estar en Roma con amigos, poderlo ver al lado de Maje por fin, la pizza cuatro quesos debe ser exquisita , no paraba de verla sobre la mesa, el risotto es un gran descubrimiento, no saben hacer vino, tienen una ciudad alucinante estos romanos, nunca más volveré a un hotel habiendo esas pedazos de casas, la cerveza barata existe solo hay que buscarla, y tiré mi moneda para poder volver, porqué se que en unos poquitos años estaré planeando el siguiente viaje a Roma.

viernes, 9 de abril de 2010

Indignacion



Es posible que a causa de llevar doce días madrugando, y haberme hecho una guardia de cuatro días mientras el resto del mundo disfrutaba de su tiempo libre, me halla desquiciado los nervios. Pero creo que también ha podido contribuir a ello mi entorno. Diría hostil, pero quizás sea excesivo, mejor diré maleducado, irrespetuoso, vago, y sinvergüenza. El martes, tomando algo con mi amiga Maje hablábamos justamente de esto, de la caradura que tiene la gente en sus puestos laborales, y como abusan de aquellos que por naturaleza salimos educados y trabajadores. Pero al igual que nuestra esencia es así, a veces creo que hubiera preferido nacer vaga, sin inquietudes, y vivir así, sin pena ni gloria. Y no es que envidie esa actitud, sino que creo que a veces la ignorancia es un bien preciadísimo. También la ineptitud es bastante valorada en algunas ocasiones. La facilidad de algunos seres para ignorar sus responsabilidades, para delegar cosas en el de al lado, en abusar de la disponibilidad del de enfrente, de exigir cuando no pueden, de recriminar sin corresponderles, de presuponer que debes hacer algo sin ser cierto. Y todo ello es posible por que por suerte o por desgracia, mis padres tuvieron a bien darme una buena educación, respetar a aquellos que conviven o con los que me cruzo en el mundo. Y a veces, me dan ganas de mandar todos esos modales a la mierda, de decir las cosas como son, de explicarles, sin demasiadas buenas palabras a la gente, que hay cosas que en esta vida que se hacen por amistad, pero no por obligación. Quizás ellos que nunca han hecho nada por nadie, y que no ven más allá de sus narices, seguramente más por ignorancia que por inteligencia no sean capaces de apreciar dichos gestos, ni siquiera creo que sospechen que existen. Así que, en días como el de hoy, lo mejor es ser uno mas en la oficina, hablar poco o nada, y esperar que el día termine lo antes posible, para no llegar a alguno de los episodios que anhelo y he comentado anteriormente. Si el lunes tengo que venir a trabajar será porque además de educación mis padres me dieron también un buen grado de autocontrol.

domingo, 4 de abril de 2010

Caravaggio, Roma y Yo



Este año se cumple el aniversario de la muerte de Caravaggio, hace ya 400 años. Un Pintor extravagante, complicado, barrullero, excepcional, y sobre todo deleznado y admirado por igual.

Se encuentra en el Quirinale, sala de exposiciones famosa en pleno centro de Roma. Situado, el Palacio, en una de las colinas, cuya plaza se encuentra flanqueada por dos estatuas gigantescas de época romana, Castor y Polux. Desde allí las vistas de la ciudad son impresionantes. Y ante tan bello cartel, inauguraron en febrero una exposición de este artista barroco que abarca 30 de sus 40 obras pictóricas. Imagino que las de las capillas de San Luis de los Franceses, y de Santa María del Popolo, no habrán salido de sus casas, pero muchas otras si.




Por este motivo a finales de abril, aprovechando la exposición y las ganas que tengo de ir a Roma, otra vez, allá que iré. Con otros seis incautos que pretenden ver y aprender cosas de Roma a través de mis ojos; y un poquito de mi mismo amor por la ciudad. Con esta excusa, válida como otra cualquiera, voy a Roma por 8º vez. Hace ya muchos años que me cautivó, espero que a aquellos que fueron conmigo les cautivara igual, pues es díficil que alguien haga tan buena propaganda de un sitio. Ya hecho de menos el ruido de sus fuentes, su bullicio, sus motos y trafico infernal, sus rincones renacentistas, el silencio de sus Iglesias, sus impresionantes obras de arte comunicándote el esplendor que vivieron; un espectacular conjunto que solo con sentirlo en sus calles te traslada. En fin nostalgia que el 23 de abril se me quitará, para comenzar de nuevo el 25 cuando el avión se aleje de la ciudad del Arte.

lunes, 8 de marzo de 2010

Un rincón romántico en el centro de Madrid:

EL MUSEO ROMÁNTICO

Ayer por la mañana y por cortesía de Maje pudimos, unos amigos y yo, conocer este renovado museo. En plena calle San mateo se encuentra un palacete, poco llamativo por fuera, pero muy bello por dentro. Han cerrado un espacio totalmente adecuado a la época que sus obras de arte representan.
Una entrada pequeña pero acogedora nos saluda, y un precioso retrato femenino nos da la bienvenida con su calida sonrisa, entreviéndose un patio luminoso, que alegra el espacio. Accediendo por unas escaleras amplias, con balcón para orquesta incluido, llegamos al piso principal del discurso museográfico. Todo ello queriendo enseñarnos o queriendo recrear, las verdaderas casas burguesas de la época, donde ya se empezaba a vivir en pisos y no en palacetes.
Un piso completo, donde las salas expositivas se suceden en torno al patio antes mencionado. El discurso de la exposición se realiza conforme avanza la historia de este periodo que comprende pocos, pero jugosos años.
La sala primera nos presenta a Isabel II niña, con toda la parafernalia que se creo en torno a ella y toda la propaganda que se realizo durante la guerra para hacer que la gente apoyara su causa, aun siendo solo una niña de tres años. Me llamó la atención una pequeña figura cómica realizada en barro, donde se ve a una Isabel II vestida de campesina, subida en un burro que representa una España agobiada por el peso de la regencia isabelina, y angustiada por los altos impuestos que mantuvo para poder así llevar su costoso ritmo de vida. Pasando luego a una sala con algún cuadro de gran formato, donde vemos a Isabel II rodeada de sus grandes generales y políticos, aquellos personajes que influyeron en su mandato.
Se accede después a una sala más grande, donde podemos ver mobiliario de estilo fernandino, más anglosajón, menos macizo, y de líneas mas rectas. Además se nos pone en antecedentes de lo que realmente fue el Romanticismo español.
Así llegamos al salón de baile, un saloncito en este caso, con un sillón circular llamado Borne, donde las mujeres podían reposar sus abultados vestidos, con la presencia de un piano precioso y original, al parecer único en el mundo, y un arpa maravillosa que esta deseando ser tocada. Todo ello adornado con bibelots, fanales (unos elementos decorativos Kitsch metidos en una urna)
Se pasa entonces a la sala de las batallas, con otro piano original de jirafa, hacia arriba en vez de en horizontal, ya se veía la falta de espacio en las casas.
Dos pequeñas salas costumbristas, bellamente decoradas, de tapicería impecable y original nos presenta los pequeños fetiches costumbristas, que a los viajeros adinerados extranjeros les tenían encandilados. Pequeñas figuras de barro imitando trajes regionales, o escenas del mundo popular. Acompaña esa sala unos preciosos cuadros, donde podemos destacar algunas escenas costumbristas y folclóricas, pero también unas pequeñas obras de ingeniería, avanzadas para la época y muy del gusto de la reina.

La llamada Salita nos muestra un espacio acogedor, con bellos elementos decorativos como las defensas de las chimeneas, los Cuadros de paisajes de Villamil, o lo más destacables, las Litofanias. Placas de porcelana de solo una cochura, que deben verse al trasluz, para poder deleitarse con sus figuras grabadas. Pocos ejemplos podremos encontrar de esta técnica, antecedente claro del cine, y novedoso en los museos españoles. Y un objeto que me sorprendió, una tablilla de madera con pestañas, colocada en la pared, donde las visitas dejaban su tarjeta en el día-pestaña correspondiente si habían ido a verte y no te encontrabas en casa.

Pasamos a un baño señorial, original, y cuidado, donde el wc, tiene llave para que solo aquel que la tenga pueda retirar las deposiciones del señor. Tela marinera. Y tras eso, un comedor, precioso, iluminado, con toda su vajilla colocada, esperando a que alguien se siente y disfrute del momento.

Así pasamos a un oratorio pequeño y representativo, decorado con preciosos, incluido el Gregorio Magno de Goya, que no es lo mejor que tiene el museo.



Luego la sala de juegos de los niños, con un cochecito para ser tirado por un animal, casitas de muñecas bien equipadas, muñecas antiguas que dan un poco de grima, cuadros representativos. Solían tener cuadros, incluso de sus hijos fallecidos (algo habitual en aquellos años) y así tenerlos presentes en las casas
Salitas de mujeres, con costureros, escritorios, fetiches románticos, propios del todo a cien de ahora, la camita de la madre y la cuna, abanicos por doquier de menor a mayor tamaño, según el gusto. Carnets de baile de varios tipos, guantes de cabritilla tan finos que casi tenían una sola puesta (que se lo digan a Isabel II que derrochó mucho dinero en ellos), sombrillas a la moda, bolsitos, y demás joyería adecuada.

Luego se pasa a un espacio más social y masculino, comenzando por la sala de Larra, donde en primer lugar destacaré las preciosas sátiras de Alenza, claro humor al momento romántico, o las famosas pequeñas pistolas de Larra.

Satira del suicidio romántico de Alenza

Luego se halla la sala de los actores de teatro y literatos, con numerosos retratos de personajes relacionados con dicho mundo del espectáculo de la época. La sala del fumador, de rasgos orientalizantes, o el Gabinete con unos bellos sillones, como el tu y yo.
Y las dependencias del caballero, con su dormitorio, su despacho, o la bella sala de billar.
Imprescindible observar, como al final del recorrido han puesto una representación entre ficticia y real, donde a través de unos balcones sitos en un palacete de cartón recreado, se puede ver retroproyectado escenas de la vida cotidiana de la época. Un recurso original y bello, que debe de gustar a todos, pues nos proyecta en un viaje al pasado.

Es en resumen un bello museo, con un buen discurso museográfico, con señalética bastante adecuada, aunque algunas cartelas tenían letras pequeñitas, y de tamaño estupendo para dedicarle una mañana. Habrá que volver a sentarse en su patio ajardinado, a tomar un café en su nuevo espacio, o a comprar algo en la tienda ( quizás un fanal para casa?) que aun tiene que abrir.

Y por cierto gracias por enseñarlos los libros de señoritas, me voy ha hacer uno para la feria del libro, jeje
No dejéis de acercaros a visitarlo, es un placer disfrutarlo, eso si, seguro que sin Maje explicando pierde bastante la visita.

viernes, 5 de marzo de 2010

Shogun de James Clavel




La semana pasada me terminé este libro que me ha encantado, emocionado, apasionado. Una lectura amena, entretenida y cautivadora.
La historia narra como un barco holandés capitaneado por un ingles y con patente de corso, se hace a la mar, siguiendo las secretas rutas del cabo de Magallanes descubierta por Portugal. Tras varias visicitudes en el mar, y tras perder parte de la flota, aparecen en un pequeño pueblo de Japón, su verdadero destino. Allí la tripulación será apresada, y al Capitán le retendrán en la corte de uno de los Daimios, Toranaga. Allí el capitán, Anjin-san, intercambiara conocimientos con el mundo japonés. Conocerá el amor, conocerá sus costumbres, se enfrentara a la iglesia portuguesa dominante en la región, y formara parte de una gran táctica de guerra que se esta fraguando en vistas de un próximo shogunado. Una trama de guerra, una intriga política, movimientos estratégicos en vistas del nuevo mundo que se proyecta en la zona.
Una novela de muchas paginas, pero que se lee del tirón, ya que te sumerge en un mundo precioso, lleno de matices, lleno de información, con la que se aprende muchas cosas de aquellas tierras lejanas.