Por si te olvidas de mi...

lunes, 29 de agosto de 2011

De vuelta a todo, de vuelta de vacaciones




Aunque ya hemos crecido y las vacaciones son lo que son, espacios de ocio donde pasar unos días relajados, para mí son un punto de inflexión. Se supone que dado que ya no somos estudiantes, y por ello septiembre ya no significa la vuelta a empezar, sino que debe ser primeros de año cuando nos debemos replantear nuestra vida, y comenzar el siguiente año con buenos propósitos, para mi septiembre es de nuevo mi fecha de reflexión. Siempre he creído que es cuando todo lo que hemos hecho mal en el anterior año se va a rectificar, o que al menos vamos a aprender de esos errores. Que el nuevo año escolar nos traerá nuevas experiencias buenas y malas. Pero sobre todo, y a mis 31 años aún no se porqué creo que todo empieza de cero y que todo es arreglable, es como volver con las pilas cambiadas, renovadas, con nuevas fuerzas, cosa que es lógico tras descansar y coger carrerilla. Pero en el fondo en seguida te das cuenta de que de todas esas expectativas pocas se cumplirán, y que esas ideas de renovación y de soluciones brillantes muchas son efímeras. Y es que al final, tras las vacaciones todo lo bueno continua, y todo lo malo sigue ahí. Lástima de no poder vivir en unas vacaciones eternas donde la mayoría de las veces todo parece quasi perfecto, o al menos los problemas son más chiquititos….Lo dicho, hemos vuelto de vacaciones….

martes, 2 de agosto de 2011

Como en casa




Ultimamente me he dado cuenta de que en multiples ocasiones digo eso de leer a tal o a pascual es como sentirte en casa. Con ello quiero trasmitir esa sensación de comodidad, de agrado que uno siente cuando vuelve a casa un día de lluvia y frío, por ejemplo. Y es que así me siento cuando tras lecturas varias siento la necesidad de reconfortarme con uno de esos autores que escriben solo para ti, que parece que hicieron las novelas a medida de tu mente. Esos libros que según entras por la puerta, o que cuando viajan en tu bolso, van gritando que los cojas, los devores, los mires y admires. Son esos autores que con sus palabras te envuelven, te trasportan, te hacen pensar en aquello que se halla escondido en tu interior, o te hacen soñar con aquellos mundos lejanos que siempre anhelaste conocer, o te hacen vivir aventuras increíbles en lugares increíbles, un sinfín de experiencias que son en exclusividad para ti.

Y no siempre son los mismos, pues en diferentes etapas, la sensación de sentirse en casa es diversa, se modifica la perspectiva con los años, por lo tanto aquellos autores que te acompañaron antaño, quizás ahora se deben quedar en el portal de casa y no entrar contigo a tu confortable salón.

De joven luche subida sobre un Ent en mi salón, pegada al balcón, esperando que un dragón me rescatara, o que aquella mujer malvada de Misery llamara a mi puerta. Con el tiempo y en plenos estudios caminé por las arenas del desierto, llenas de misterios, desde faraones resucitados, fantasmas legendarios, o tesoros escondidos en pirámides, a grandes mujeres que gobernaban con belleza y sabiduría, de la mano de Jacq o Gedge. Pero también combatí con el Cid de Corral Lafuente, o cené con Pedro el Ceremonioso; amenizado con los viajes y recuerdos de Martínez de Pisón y viví situaciones inesperadas en la España de las tres cultura de mano de Sánchez Adalid.
Con el tiempo he discutido en los salones de Desembarco del Rey con Martín como anfitrión, he investigado casos truculentos en la Madrid decimonónica con el genial Víctor Ros, me he relajado en los parajes verdes de Navarra y del País Vasco con Lezea como guía, sigo reviviendo la guerra civil con Pisón, viajo y disfruto con Didio Falco por el imperio romano, me empapó de la historia de Roma con McCollough, lucho encarnecidamente con Bernard Cronwel, y miro como el viento mece el mar desde mi ventana de Marinella mientras disfrutó de unas anchoas en compañía de Camilleri