Por si te olvidas de mi...

miércoles, 20 de julio de 2016

VISITANDO ESCOCIA (PARTE 3)



Viernes 24 de junio, día de San Juan, tocaba dejar Inverness, eso sí tras desayunar un poquito más económico en la pastelería So Coco, donde por mucho menos dinero, aproximadamente 5 libras persona nos pusimos las botas, café, zumo, y gofres.

De allí la primera parada era el castillo Urquhart, a orillas del Lago Ness. Lo vimos en la distancia, pues teníamos un largo día por delante, se veía precioso desde la orilla, y parecía en ruinas por lo que poco se podría visitar.

De allí, siempre viendo el Lago Ness, que no a Nessi, llegamos a Fort Augusto. Uno de los pueblos más bonitos que encontré. Nos recibió con un sol espléndido, mucho ambiente, y sus preciosas exclusas. Lástima que no las pudimos ver en acción. Tomamos un refresco y seguimos nuestro camino, iba siendo la hora de comer, y tenía muchas ganas de ir a ver el valle de Glen Coe, tan conocido por las películas de Harry Potter y por su inigualable belleza. 



Tuvimos suerte y encontramos un sitio estupendo para comer unas magníficas hamburguesas, incluso una de haggis, y en mi caso un poquito de salmón que por estas tierras está muy bueno. (Restaurante The Glencoe Inn). Tras un breve paseo pues amenazaba lluvia y queríamos llegar a destino antes de las 7 nos fuimos directos a Oban.



Allí un poquito a las afueras habíamos alquilado para 4 noches nuestro alojamiento más espectacular, una cabaña en Lagnakeil Lodges (http://www.lagnakeil.co.uk/) Un lugar al que costaba acceder con el coche pero que merecía totalmente la pena. Unas vistas magnificas, unas cabañas bien cuidadas, y sobre todo una tranquilidad muy relajante, no podíamos pedir mas. 



Las cabañas estaban perfectamente habilitadas, calefacción, wifi, tele plana, lavaplatos, de todo y muy nuevo. Bajamos al pueblo rápidamente para hacer la compra, compramos de todo en abundancia y la cuenta fueron 80 libras, me gusto del súper que cada producto venía con su banderita de procedencia y eso facilitaba también saber si fiarte o no.

A la vuelta investigamos el espacio a píe, ero el único bar estaba distante, cogimos el coche hasta The Barn, un bar precioso y rustico en el medio de la nada, pero a donde llegaban los taxis, pues un grupo chipado de cenar pidió taxis que les recogieron en este lugar recóndito.

Sábado 25,
Tras la imposibilidad de no tener billetes para el ferry y visitar la isla de Mul, una lástima que luego sabréis porqué, sacamos los billetes para el día siguiente y nos fuimos de excursión. El ferry salió a unos 20 euros persona con el coche incluido, no nos pareció muy caro.


Como el día era tranquilo y tras un merecido desayuno tomando el sol de primera hora nos fuimos a conocer otras zonas cercanas, tocó Inveraray.



Que pueblo más bonito, no es muy grande, pero si muy acogedor y agradable. Lo primero el castillo deslumbrante, en un emplazamiento único, muy cuidado, y con verdadero lujo inglés (salió en algún capítulo de Downton’s Abbey). De allí fuimos a visitar la antigua cárcel, la entrada cuesta 9.50 e incluye la audioguía. Es una visita diferente muy documentada y entretenida Luego comimos en la terraza cubierta del George Hotel, todo rico, sobre todo el pastel de carne que siempre viene con hojaldre y está espectacular. Pero comimos de maravilla. De allí paseamos, compramos en la calle principal unos jabones de regalito hechos a mano por 2.50 libras, y coche de vuelta.




La siguiente parada fue desde el lago el Kilchurn Castle. Nos paramos en un sitio precioso Loch Awe Camping Coach, desde donde se veía perfectamente el castillo, el cual tienen una leyenda romántica detrás que os invito a buscar y leer pues es muy bonita.



De allí tomamos un helado en Oban, la ciudad no es demasiado bonita más que por el puerto, y a casa a recogernos, pues empezaba a llover. 

PARTE 1
PARTE 2

viernes, 15 de julio de 2016

VISITANDO ESCOCIA (PARTE 2)


Nuestro B&B en Inverness era un poco recargado, no habíamos tenido muchas opciones y era lo que quedaba a un precio de 40 euros persona aproximadamente. Limpio, y silencioso, eso sí, y bien situado. En 15 minutos cruzando su bonito río estábamos en el centro de Inverness. Ciudad que nos gustó, hacía aún sol, bueno deciros que apenas teníamos 3 horas de medio oscuridad, pues en estas fechas allí tienen casi 20 horas de sol, sin que este se vaya del todo. No pudimos ver las estrellas. 
Inverness

Aprovechamos para sentarnos a tomar una rica pinta de cerveza en Johnny Foxes, con pintas por 4 libras ricas, de allí y viendo los horarios, pues eran más de las 9 y no parece fácil encontrar sitios con cocina abierta, nos pusimos a buscar. Encontrado, pedazo de sitio para la residencia de estudiantes que tenían encima, enorme local de cervezas y comida rica, y encima barato- The Caledonian.

Luego un paseo por la ciudad que es bastante bonita y agradable, una pinta en un bar de barrio, en el que no se permitía pagar con tarjeta y nos miró mal, y que a las 11 echó el cierre sin miramientos, no como en España que duran y duran aprovechando que hay negocio.
Jueves 22, hoy tocaba ver el mar de cerca, nos desplazamos hacia el oeste del país viendo unos paisajes preciosos hasta llegar a Ullapoll. Eso sí primero desayunamos cerca de la estación, en un sitio recomendado pero caro, el Filling Station, pagamos como 12 libras por persona, se dice pronto, eso si super desayuno.

Ullapoll es un pueblo pesquero precioso, que nos recibió con sol, mucho ambiente, eso si nada joven, y que nos dejó un gran sabor de boca. Íbamos con la idea de coger una excursión que nos llevara por las islas, como por la distribución del viaje era imposible llegar a Skye nos decidimos por ver las Summer Islands. 


En tripadvisor habíamos visto recomendado la empresa summerqueen y allá que fuimos, queríamos hacer la excursión de tres horas, pero esa salía solo por la mañana, por ende, toco la de una hora y media que fueron casi dos. Como había margen nos sentamos en el restaurante principal a tomar una coca cola mientras hacíamos tiempo.


La travesía en el barco fue estupenda, nos acompañó el tiempo, no llovió y aunque hacia frío y viento no era insoportable, pudimos ver focas, delfines e incluso un enorme águila real. Además, los que guiaban el barco eran muy amables y se les veía apasionados por su trabajo, que no es para menos, y sus explicaciones, sus recomendaciones e incluso prestarnos sus prismáticos ayudaron a que fuera una excursión perfecta.
Mirar bien que hay focas


A la vuelta ya tocaba comer, volvimos al restaurante-bar principal: The Seaforth, un sitio genial, bien de precio, con gente muy amable (como todos los escoceses) donde ponen el mejor fish and chips que probamos en la zona. Nuestras comidas, con bebida y cafés no salían por más de 20/22 libras persona. Y eso que los cafés son caros en torno a 3.5/4 libras. Pero eso si cuidado porque son grandes.

De vuelta, y durante la única hora que llovió a cantaros vimos la Corrieshalloch Gorge NNReserve, un lugar que, aunque llueva hay que ver, una maravilla, la foto lo dice todo.

Y ya vuelta a casa, descanso y paseo y compras por Inverness, estábamos deseando entrar a compra cositas escocesas y regalitos. (nuestras compras fueron bufandas, bolis, algún polo molón de rugby, imanes y cosas por el estilo.) Esa noche estábamos desganados, cenamos en Zizzi, un sitio de comida hasta tarde, italiano y baratito, donde por fin tomamos un vino y una cena informal y no cara.


Buenas noches, mañana toca rumbo al sur. 

PARTE 1

VISITANDO ESCOCIA (PARTE 1)


El martes 21 nos levantamos con tiempo, hicimos nuestras maletas viajeras y contratamos un servicio privado de transporte al aeropuerto de Orly directamente en el hotel (18 euros persona). Allí el vuelo salió con media hora de retraso, nos costó un poco lograr encontrar para cambiar dinero a libras inglesas (solo en la oficina de correos) pero es lo que tienen los aeropuertos pequeños son más prácticos, pero tienen menos servicio. Volamos con vueling, pero sin incidencias, picamos algo en el avión y aterrizamos, con su hora de diferencia cerca de las 2:30, casi en hora para recoger nuestras maletas y nuestro minivan de alquiler.

Habíamos contratado el coche con Enterprise (unos 900 euros saliendo a las 14:00 el 21 y devolución el 28 a las 19;00) aparte cogimos un conductor adicional (5 euros al día) y un seguro a todo riesgo (250 euros más) porque nos daba miedo y no confiamos en nuestra destreza para conducir por la izquierda.

Éramos dos conductores, colocamos nuestro GPS, nos dieron una VW bastante amplia, que para 5 y maletas nos permitía ir cómodos. Y rumbo a nuestra aventura escocesa. Tras habituarnos a eso de ver los coches al revés, las glorietas y lograr salir del aeropuerto la ruta se fue haciendo más sencilla. Dirección a Perth, cruzando el magnífico puente de Edimburgo que es un festín para los ojos y de ingeniería. Hacía un día soleado aunque fresquito y nuestra primera parada fue el castillo de Dunnotar, un sitio sacado de película, con acantilados, fondos de pantalla de Windows, una maravilla que nos daba la bienvenida al país del agua, las ovejas y la vegetación. Era nuestra primera experiencia pagamos 11 libras (las entradas no son baratas ya os digo, son castillos casi todos privados y claro mantenerlo no debe ser barato), pero mereció la pena porque nos impresiono.

Dunnotar Castle


De allí ya directos al HotelHilton Abeerden Treetop, un hotelazo en una zona residencial y tranquila. Lo habíamos reservado a través de la agencia de mí amigo: factorytrip.com, y nos había salido genial de precio. Vimos que tenían una oferta de hamburguesa y cerveza para ver el partido de la Eurocopa, esa noche jugaba España contra Croacia, así que eso hicimos ver el partido e irnos tristes a dormir.

Pagamos a parte el desayuno (10 libras por persona), yo las gasté, una hora de buffet a lo bestia, verdadero english breakfast, delicioso. Y allí a cambiar hacia otras tierras escocesas, esa noche dormíamos en Inverness.

La primera parada Crathes Castle, no pagamos entrada, hay que optimizar, eso si 2 libras dejar el coche, pero paseamos por fuera, hicimos fotos, hacía buen día y el entorno era un espectáculo.
Ahí me lancé y cogí el coche, y me gustó. El coche era grande, la carretera muy estrecha pero le cogí rápidamente el truco, suerte que elegimos automático, si no posiblemente los cambios de marcha me hubiesen complicado la vida. 



Y camino a Balmoral, o al castillo elegido por la reina para pasar el verano.
Dejamos el coche, sin pagar esta vez, y tras cruzar un precioso rio llegamos a la entrada principal, de nuevo 11.50 libras, pero esta vez merecía la pena, es enorme, te incluye audioguia, y camión-tren que te traslada hasta el comienzo de la visita sin tener que andar mucho. La visita con el audioguia está perfectamente señalizada, y el sitio es de ensueño, por lógica es el sitio elegido por la Reina. Aprovechamos que era la hora de la comida y picamos algo, unos sándwiches, nuestros primeros haggis (yo no, he de ser sincera, me negué todo el viaje), todo por unos 14/15 libras persona. También le sacamos partido a la tienda, yo compré unos preciosos jabones, y de haberlo sabido hubiera comprado más, pensé que estarían en todos los castillos, pero cada uno tiene cosas diferentes.



 
A partir de ahí el día seguía luminoso, pero se nos revelaron las Highlands. Nos desviamos apenas 15 minutos de Balmoral para ver Braemar Castle, desde lejos eso sí.



Teníamos pensado atravesarlas para llegar a Aviemore, cerca ya de Inverness, pero sin coger autopista. Pero tras llevar una hora por solitarios pero preciosos parajes la carretera estaba cerrada y nos desviaron casi hasta nuestro punto de partida de la mañana. Intentamos tomar café en algún pueblo, y puedo asegurar que no es tarea fácil. De las cosas más llamativas de Escocia, además de lo verde, es la exuberancia y la soledad, es ver verde y verde sin población, ni tan siquiera una casa perdida, es sobrecogedor.

Finalmente cogimos autopista y llegamos a Inverness.

Pero eso ya será una nueva etapa del viaje. 

miércoles, 13 de julio de 2016

2 ETAPA VACACIONES 2016- PARÍS


Era corta nuestra visita a París, pero hicimos lo posible porque fuese intensa. 

Tras llegar a la estación de tren Montparnasse buscamos el hotel reservado a pocos metros: Tim-Hotel Montparnasse. 
Un hotel con un encargado bastante borde, pero con un chaval en recepción más amable que nos dio las habitaciones, seguíamos rodeados de moqueta, nos informó sobre el desayuno, y nos acomodamos en un santiamén. Recorrimos los alrededores con poca esperanza de encontrar algo decente para cenar, porque ya eran las 11, y ya sabemos que pasa a esas horas en otras ciudades europeas, que parecen Cenicientas en las Canarias. 
Tuvimos la suerte de encontrar en la Rue du Montparnasse un restaurante que se apiadó de nosotros: Lili et Riton. Y encima cenamos genial, yo un tartar de atún con aguacate delicioso. Ya decidimos recogernos que al día siguiente nos esperaba París.

En realidad nos esperaba París y sus lluvias. Podemos dar fe de que ha habido inundaciones, que manera de llover. Habíamos alquilado por Internet un autobús turístico, concretamente el citybus que tiene cinco líneas de recorrido, las cuales cogimos, que te permite ver más zonas de la ciudad. Cuesta 33 euros y lleva audio guía en castellano. Es igual, primera parada Inválidos y Torre Eiffel, lloví, y por la Eurocopa no pudimos llegar a ella como se debe, a través de los Campo de Marte. En fin, llovía, subimos al bus, nos dejó 5 minutos literal sin agua que aprovechamos para subir arriba y realizar algunas fotos panorámicas, y nos llevó hasta la iglesia o templo de la Madeleine. De allí un paseo para ver, aunque fuese pasada por agua mi plaza preferida, la plaza Vendôme, de camino nos encontramos “el bar”, un sitio llamado Bagelstein  (23 Rue des Capucine) donde es imprescindible ir y tomarse un café y un baggel. Sólo por ver su decoración merece la pena.


Paseamos hasta la ópera y tras comenzar a llover intensamente y esperar un montón el bus lo cogimos, eso si ya apiñados, hasta el Sacre Coeur. Con la intensidad de la lluvia y las horas que eran nos sentamos a comer, con la esperanza de que amainara, ilusos. Tocó en lo que había más a mano: Les Oiseaux. Me comí una quiché Lorraine muy rica pero pelín sosa, la verdad comimos bastante bien y no caro. Seguía lloviendo, así que nos fuimos al funicular, no apetecía nada subir las escaleras hasta la iglesia. 1.80 por persona cada trayecto, creo que había un pase de 10, que nosotros siendo 6 nos hubiese rentado pero lo vi a la bajada. Las vistas son espléndidas si se ven, en nuestro caso las intuíamos más bien, eso si la iglesia merece la pena, algo es algo.

De nuevo al funicular y a esperar otros 20 minutos el bus, que de nuevo iba hasta arriba, tras un atasco y mucha pereza nos bajamos cerca de la ópera donde  debíamos cambiar de bus. Allí decidimos parar en el Café Du Cadran a tomar café, algunos café irlandés y otos, como yo el delicioso café gourmand. Vuelta al bus, y parada en Notre Dame, cola inmensa para llegar, paseo, de nuevo bus bajo la lluvia hasta la Bastilla y de ahí nos quedamos por la hora, bueno por el morro de la compañía (eran las 19:30 y había servicio hasta las 20) en tierra, tocó metro y al hotel.

La noche se quedo limpia de nubes y con buena temperatura, en fin, nos fuimos a cenar a una creperie recomendada, Saint Malo, en la 53 Rue du Montparnasse. 
Rico rico todo, igual hasta excesivo, la ensalada llevaba más beicon que lechuga, todo regado con sidra y muy económico. Un sitio muy recomendable con unos crepes o galletes exquisitos. Mi idea era haber cenado en un Batteaux pero estaba el día como para ir a tener cerca más agua.


¡A dormir que mañana cambiamos de país!

martes, 12 de julio de 2016

24 Horas de Le Mans 2016

A veces los motivos para viajar no son los de siempre: relax, cultura, a veces también nos movemos por deportes.
Yo no soy muy fan de nada en concreto pero ya me he movido a otros países, por ejemplo, para ver Rugby. Este año tocó desplazarse para ver las 24 Horas de Le Mans.

Desde pequeña he oído hablar de esta competición tan renombrada, y un amigo forofo de los coches nos lio la manta a la cabeza para ir a disfrutar de las carreras este año. Como las fechas coincidian con periodo vacacional le hice el lío yo a él y trasformé un fin de semana de deportes en  toda unas vacaciones en regla, os lo cuento:

24 horas de Le Mans ( 15-19 junio)

17 de Junio, mi amigo y su sobrino ya llevaban desde el jueves disfrutando de los desfiles, entrenamientos, fiestas, museos, y toda la parafernalia que se genera entorno a estas fiesta o carrera de las 24 horas. 

Ese día, tras hacer maleta, comer rico (pensábamos que no volveríamos a comer bien en días, que equivocados estábamos) nos fuimos en avión hasta Nantes,

A Le Mans se llega en tren desde París o desde Nantes, elegimos este segundo porque el trayecto era algo menor, los aeropuertos más pequeños y las facilidades de manejo mucho mayores que en París. 

Como el vuelo llegaba después que los trenes a Le Mans, decidimos pasar la noche allí, por otro lado mejor porque los hoteles en Le Mans eran caros. 

Cogimos un autobús que nos dejó en la zona centro cerca del hotel elegido también por ese motivo, todo estudiado.

Vuelo de ida a Nantes 90 euros con maleta con Iberia Expres.
Bus de ida al centro: 8 euros
Hotel en Nantes: Inter-Hotel Grand Hotel de Nantes  81 euros noche doble+tasas de día

El hotel nos gustó, estaba céntrico y bastante bien habilitado. De allí salimos corriendo, pues cerraba a las 21:30 a la estación pues debíamos modificar unos billetes de tren.

La SNCF, como nuestra RENFE trabaja muy bien, habíamos comprado los billetes online desde Madrid y nos los habían mandado a casa en un plazo mínimo. También nos permitió hacer devoluciones siempre que presentáramos los billetes físicos en un plazo de un mes,y como debíamos cancelar dos pues allá que nos fuimos.
El hombre que estaba en taquilla debió de pensar que estábamos locos: devolvimos dos billetes de ida a Le Mans, también dos billetes de Le Mans  a París, y cambiamos el horario del primero para llegar al día siguiente más temprano. Lo hizo todo, no sobró dinero y el hombre fue muy amable, eso sí según acabo cerro taquilla no fuese que llegaran otros españoles locos.
Nos había llovido al bajarnos del bus, pero parecía que nos iba a respetar el paseo, hicimos un poco de turismo y acabamos en una de sus callejuelas más famosas Rue des Petites Écuries en un italiano, Casa Pepe.
Luego seguimos visitando la noche de Nantes, tomamos una “mini” copa en Amour de Pomme de Terre (4 Rue des Halles,44000 ). Un sitio muy cuqui pero donde los cócteles cuestan 7 euros y ponen un vaso de caña pequeña, lo que tienen que aprender…

18 de junio, primera hora, una estación ambientada con piano en directo, un café y un croissant y tren a Le Mans jugando al cinquillo, muy español.

Le Mans 11:00 a.m. Llegada, nuestro amigo nos vino a recoger y a enseñarnos la casa de Beatrice, cogida por Airbnb. La señora nos alquiló habitaciones, hubo un malentendido pero finalmente dormimos por 35 euros noche, que siendo el fin de semana que era estuvo genial. Tres meses antes no había hoteles disponibles, y lo único ofertado estaba a 50 km y por 600 euros noche…así que daba igual, queríamos una ducha y una cama.

Cogimos comida para llevar, nos subimos al tranvía (servicio directo desde la estación hasta el circuito) y nos fuimos a las carreras. Hay un ticket de grupo a partir de 4 personas por 2 euros trayecto.

Nos bajamos en la última parada, un poco más alejada del meollo, pero con muchísima menos gente que la anterior, y tras la revisión de mochilas y el control de la entrada(nunca la perdáis, pues es necesaria para salir y entrar y encima os ha costado 78 euros que como recuerdo siempre vale) pudimos inaugurar el circuito.

No os voy a contar cada minuto aunque podría, porqué además de gigante es emocionante, lo primero encontramos un trenecito gratuito que nos acercaba a la zona (esto lo supimos tras darnos la primera caminata), espacios con caravanas, con caravanas de lujo, con gente acampada junto al Porsche de última generación, cochazos por todas partes, gente de todas las nacionalidades, fiesta, Noria, chiringuitos de comida, de simuladores, zonas vip, conciertos, eventos, puestos de merchandising, comida, en fin una feria a lo grande para no dejar ni un milímetro de sus 12 km de recorrido sin atender.

Vimos la apertura con sus famosos: Keanu Reeves, Brad Pitt, Jackie Chan, el de Anatomia de Grey…y a las 15:00 salida y aguacero para que nos caláramos como dios manda, y debido a la lluvia una hora entera de Safety Car. Para nosotros fue mucho, vuelta a casa, ropa seca, siesta y paseo hasta la catedral, cervetita en una de sus terrazas y cena en Grill & Cie, donde la camarera sabía un poquito de español, y por menos de 30 euros cenamos con vino postre y buenas raciones y calidades. Como se quedó buena noche nos fuimos un rato al circuito hasta las 3 de la mañana.


Café Gourmand , un delicioso surtido de mini postres y café que solo tienen allí y es genial
Noche circuito
El domingo amaneció soleado, nos levantamos sin prisa y de nuevo al circuito a ver terminar la carrera. Mucho ambiente, nos montamos en la Noria, una gran experiencia, eso sí por 10 euros. Unas pocas cervezas, 7 sin vaso la pinta de cerveza y 8 con vaso, al devolverlo te devuelven 1 euro, pero alguno nos trajimos de recuerdo. El final de carrera fue trepidante y sorprendente, quien tenga interés que busque alguna noticia porque fue impresionante. Luego champagne, confeti, paseíto por la pista y a comer a las 5 de la tarde que ya estaba bien. Bocata en la estación, recoger maleta y camino a París…seguíamos la etapa, pero esta estaba terminada. 

Desde la noria

en la pista tras el final