Por si te olvidas de mi...

lunes, 8 de marzo de 2010

Un rincón romántico en el centro de Madrid:

EL MUSEO ROMÁNTICO

Ayer por la mañana y por cortesía de Maje pudimos, unos amigos y yo, conocer este renovado museo. En plena calle San mateo se encuentra un palacete, poco llamativo por fuera, pero muy bello por dentro. Han cerrado un espacio totalmente adecuado a la época que sus obras de arte representan.
Una entrada pequeña pero acogedora nos saluda, y un precioso retrato femenino nos da la bienvenida con su calida sonrisa, entreviéndose un patio luminoso, que alegra el espacio. Accediendo por unas escaleras amplias, con balcón para orquesta incluido, llegamos al piso principal del discurso museográfico. Todo ello queriendo enseñarnos o queriendo recrear, las verdaderas casas burguesas de la época, donde ya se empezaba a vivir en pisos y no en palacetes.
Un piso completo, donde las salas expositivas se suceden en torno al patio antes mencionado. El discurso de la exposición se realiza conforme avanza la historia de este periodo que comprende pocos, pero jugosos años.
La sala primera nos presenta a Isabel II niña, con toda la parafernalia que se creo en torno a ella y toda la propaganda que se realizo durante la guerra para hacer que la gente apoyara su causa, aun siendo solo una niña de tres años. Me llamó la atención una pequeña figura cómica realizada en barro, donde se ve a una Isabel II vestida de campesina, subida en un burro que representa una España agobiada por el peso de la regencia isabelina, y angustiada por los altos impuestos que mantuvo para poder así llevar su costoso ritmo de vida. Pasando luego a una sala con algún cuadro de gran formato, donde vemos a Isabel II rodeada de sus grandes generales y políticos, aquellos personajes que influyeron en su mandato.
Se accede después a una sala más grande, donde podemos ver mobiliario de estilo fernandino, más anglosajón, menos macizo, y de líneas mas rectas. Además se nos pone en antecedentes de lo que realmente fue el Romanticismo español.
Así llegamos al salón de baile, un saloncito en este caso, con un sillón circular llamado Borne, donde las mujeres podían reposar sus abultados vestidos, con la presencia de un piano precioso y original, al parecer único en el mundo, y un arpa maravillosa que esta deseando ser tocada. Todo ello adornado con bibelots, fanales (unos elementos decorativos Kitsch metidos en una urna)
Se pasa entonces a la sala de las batallas, con otro piano original de jirafa, hacia arriba en vez de en horizontal, ya se veía la falta de espacio en las casas.
Dos pequeñas salas costumbristas, bellamente decoradas, de tapicería impecable y original nos presenta los pequeños fetiches costumbristas, que a los viajeros adinerados extranjeros les tenían encandilados. Pequeñas figuras de barro imitando trajes regionales, o escenas del mundo popular. Acompaña esa sala unos preciosos cuadros, donde podemos destacar algunas escenas costumbristas y folclóricas, pero también unas pequeñas obras de ingeniería, avanzadas para la época y muy del gusto de la reina.

La llamada Salita nos muestra un espacio acogedor, con bellos elementos decorativos como las defensas de las chimeneas, los Cuadros de paisajes de Villamil, o lo más destacables, las Litofanias. Placas de porcelana de solo una cochura, que deben verse al trasluz, para poder deleitarse con sus figuras grabadas. Pocos ejemplos podremos encontrar de esta técnica, antecedente claro del cine, y novedoso en los museos españoles. Y un objeto que me sorprendió, una tablilla de madera con pestañas, colocada en la pared, donde las visitas dejaban su tarjeta en el día-pestaña correspondiente si habían ido a verte y no te encontrabas en casa.

Pasamos a un baño señorial, original, y cuidado, donde el wc, tiene llave para que solo aquel que la tenga pueda retirar las deposiciones del señor. Tela marinera. Y tras eso, un comedor, precioso, iluminado, con toda su vajilla colocada, esperando a que alguien se siente y disfrute del momento.

Así pasamos a un oratorio pequeño y representativo, decorado con preciosos, incluido el Gregorio Magno de Goya, que no es lo mejor que tiene el museo.



Luego la sala de juegos de los niños, con un cochecito para ser tirado por un animal, casitas de muñecas bien equipadas, muñecas antiguas que dan un poco de grima, cuadros representativos. Solían tener cuadros, incluso de sus hijos fallecidos (algo habitual en aquellos años) y así tenerlos presentes en las casas
Salitas de mujeres, con costureros, escritorios, fetiches románticos, propios del todo a cien de ahora, la camita de la madre y la cuna, abanicos por doquier de menor a mayor tamaño, según el gusto. Carnets de baile de varios tipos, guantes de cabritilla tan finos que casi tenían una sola puesta (que se lo digan a Isabel II que derrochó mucho dinero en ellos), sombrillas a la moda, bolsitos, y demás joyería adecuada.

Luego se pasa a un espacio más social y masculino, comenzando por la sala de Larra, donde en primer lugar destacaré las preciosas sátiras de Alenza, claro humor al momento romántico, o las famosas pequeñas pistolas de Larra.

Satira del suicidio romántico de Alenza

Luego se halla la sala de los actores de teatro y literatos, con numerosos retratos de personajes relacionados con dicho mundo del espectáculo de la época. La sala del fumador, de rasgos orientalizantes, o el Gabinete con unos bellos sillones, como el tu y yo.
Y las dependencias del caballero, con su dormitorio, su despacho, o la bella sala de billar.
Imprescindible observar, como al final del recorrido han puesto una representación entre ficticia y real, donde a través de unos balcones sitos en un palacete de cartón recreado, se puede ver retroproyectado escenas de la vida cotidiana de la época. Un recurso original y bello, que debe de gustar a todos, pues nos proyecta en un viaje al pasado.

Es en resumen un bello museo, con un buen discurso museográfico, con señalética bastante adecuada, aunque algunas cartelas tenían letras pequeñitas, y de tamaño estupendo para dedicarle una mañana. Habrá que volver a sentarse en su patio ajardinado, a tomar un café en su nuevo espacio, o a comprar algo en la tienda ( quizás un fanal para casa?) que aun tiene que abrir.

Y por cierto gracias por enseñarlos los libros de señoritas, me voy ha hacer uno para la feria del libro, jeje
No dejéis de acercaros a visitarlo, es un placer disfrutarlo, eso si, seguro que sin Maje explicando pierde bastante la visita.

1 comentario:

Arwen_77 dijo...

¡Guauu Arte! ¡Pedazo de crónica! Muchísimas gracias a ti y a Maje, que es encantadora, sabe un montón y encima lo cuenta de una forma tan divertida y amena que el tiempo pasa sin sentir.
Aprendí mucho (por ejemplo la preciosa palabra litofanía), me sentí transportada literalmente a ese mundo de usos , costumbres y gustos ya bastante lejanos a los nuestros (¡esos juguetes y fanales!) . Recomendar yo también que no os lo perdáis. En cuanto esté puesto el café, hay que volver.